ADICCIONES, FARMACODEPENDENCIA Y DROGADICCION
En adicciones todo esfuerzo genera un cambio y cada cambio necesita uno o más participantes.
DEPRESION EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA
 
 
Dr. Lino Díaz-Barriga Salgado
 
 
La depresión infantil es un tema difícil de reconocer por la población en general y también por profesionales de la salud; es frecuente escuchar comentarios en los que se afirma que la depresión no se presenta en estas etapas de desarrollo, en tanto que  “tienen satisfechas sus necesidades básicas de educación, y recreación y que su responsabilidad consiste en tener una conducta aceptable y cumplir con los deberes propios de su edad”.
 
Pero, ¿qué es la depresión?
 
El término depresión es relativamente nuevo y ha sustituido a la melancolía, que fue utilizada durante veinte siglos aproximadamente. La depresión se manifiesta por estados de tristeza sin razón aparente y que además puede ser grave y crónica. Se manifiesta  acompañada de síntomas como alteraciones del sueño, de la alimentación, pérdida de iniciativa, desinterés por el cuidado de su persona, inactividad, dificultad para tomar decisiones, disminución de la energía, sentir que no tiene habilidades para nada,  sentimientos de culpa, desesperación, baja autoestima, ataques de llanto, y en las últimas décadas se ha incrementado el número de casos de suicidio y muerte.
 
Se sabe que los niños y adolescentes que pasan por una depresión, se consideran ellos mismos como personas con una inquietud o desesperación importante que puede llevarlos a experimentar y abusar de las drogas. Por lo tanto, la depresión, el uso y abuso de sustancias y otros problemas propios de estas etapas de desarrollo, representan un problema de salud pública que necesita ser reconocido por los padres de familia, maestros y personas que se encuentren en contacto directo con ellos, para estar en condiciones de realizar acciones de detección temprana y canalizarlos a sitios especializados para que reciban un tratamiento oportuno.
 
Las costumbres sobre la mejor manera de criar y educar a un niño son variables, aunque en general tratan de “proteger” al niño contra los sentimientos asociados con muertes y  pérdidas familiares, separación de los padres, carencias materiales y afectivas. La depresión describe una situación emocional en la que se altera el estado de ánimo y se observa como una pérdida de interés en actividades que solían ser placenteras,  así como síntomas que matizan estados de tristeza y por poco interés en actividades intelectuales.
 
 
En la actualidad podemos afirmar que no solo se deprimen los adultos. Durante muchos años se negó la existencia de depresión en niños y adolescentes, hoy en día se sabe que el número total de casos se presenta en un 2% en niños antes de llegar a la pubertad y de 4.7% en adolescentes; este porcentaje se incrementa cuando se presenta una pérdida de uno de los padres. En niñas menores de cinco años con muerte del padre, esta enfermedad puede ser diez veces mayor.
 
Durante la niñez se presenta con mayor frecuencia en hombres, pero esta frecuencia se invierte en el caso de niñas entre los 10 a 14 años; probablemente el aumento del número de casos en las mujeres se deba a la presencia de hormonas femeninas. Cuando existen antecedentes de depresión familiar hasta de un 50%, el riesgo es 14 veces mayor, particularmente si los padres tuvieron un episodio depresivo antes de los 30 años de edad. Entre mas temprano se presente el episodio depresivo es mayor la posibilidad de que existan antecedentes familiares.
 
La información epidemiológica disponible indica que la frecuencia de depresión oscila entre 6 y 15% para la población en general, en tanto que para la población infantil en etapa escolar, la cifra reportada se eleva hasta un 36%.  
 
Debido al desconocimiento de los síntomas que caracterizan esta enfermedad y a la poca difusión que se otorga a la salud mental, se incrementa paulatinamente el número de niños y adultos que cursan con una depresión, que no han sido evaluados correctamente y que como consecuencia, el trastorno tiende a agravarse y hacerse crónico.
 
La depresión en la infancia y en la adolescencia puede manifestarse de formas diferentes, en tanto que depende de la edad en que se inicie, así como de las características familiares y sociales que influyen de manera directa en su aparición. Influye también, la posibilidad que tengan para poder comunicar a sus padres o familiares más cercanos que “algo” les está sucediendo. Así, la depresión en cualquiera de sus formas y presentaciones, se considera una de las mayores epidemias que afectan a la humanidad.
 
Derivado de estas consideraciones se puede afirmar que aunque la depresión pueda ser calificada como una enfermedad “invisible” o “inexistente”, la realidad nos muestra un panorama totalmente diferente y que este trastorno crece y se extiende de callada manera. Es importante comentar que la depresión no es una enfermedad característica de los llamados países con una economía en desarrollo como el nuestro, donde el número de personas aquejadas por este problema de salud va en aumento.
 
Con frecuencia la depresión en la infancia y adolescencia se encuentra asociada a problemas de conducta, episodios de ansiedad, trastorno por déficit de atención, con o sin hiperactividad, y situaciones estresantes entre otras, que dificultan más aún, la realización de un buen diagnóstico. En los casos en que los síntomas se inician a edades más tempranas y que pasan desapercibidos, existe una mayor posibilidad de que se conviertan en un trastorno crónico que ocasione problemas futuros en el  funcionamiento personal, familiar y social. Los síntomas de depresión también pueden presentarse de forma “enmascarada” y pueden manifestarse a través de problemas de conducta a nivel familiar y escolar como rebeldía, irritabilidad, permanecer aislado de las actividades familiares; irse de “pinta”, tener malas calificaciones o fracaso escolar, y también pueden presentarse problemas de la alimentación.
 
Muchos niños y adolescentes con depresión presentan además otro o más trastornos mentales. Los que se presentan con mayor frecuencia son:
 
  1. Trastorno de ansiedad
  2. Trastornos de conducta, y
  3. Trastornos por uso de sustancias.
 
El trastorno por ansiedad que se conoce como ansiedad de separación es muy frecuente en niños pequeños. Las relaciones familiares de niños y adolescentes deprimidos pueden identificarse cuando se presentan problemas familiares, maltrato infantil, rechazo, problemas para comunicarse y pocas manifestaciones de sentimientos de afecto. En la medida en que los niños van creciendo, se modifican y aumentan los síntomas de ansiedad. Los “berrinches”, los cambios constantes en su estado de ánimo, una baja autoestima, así como sentimientos de culpa difíciles de explicar, acompañados de conductas e ideas de tristeza, revelan una perturbación en su estado de ánimo.
 
En muchas investigaciones se ha demostrado que las experiencias traumáticas en la infancia están relacionadas con el divorcio, separación o muerte de los padres o hermanos. De igual manera, la existencia de enfermedades mentales en los padres, conjuntamente con alteraciones en el funcionamiento familiar, pueden formar parte de los factores que pueden predecir que los eventos depresivos se hagan crónicos y que posteriormente se presenten recaídas.
 
Las Causas de la depresión.
 
En la actualidad, la depresión, conjuntamente con el uso y abuso de sustancias, representan dos de las mayores epidemias que en las dos últimas décadas afectan a la humanidad a nivel mundial. Sin embargo, tal como se mencionó con anterioridad, la depresión es una epidemia que parece ser “invisible” si se toma en consideración que los deprimidos disimulan y tienden a ocultar su estado de ánimo y el número de suicidios asociados con la depresión tienden a ser ocultados. Si puede expresarse de esta manera, es un problema que además, puede estar asociado con los nuevos estilos de vida que se proponen para la sociedad actual. Una sociedad en la que los valores fundamentales de nuestra historia cultural están cambiando rápidamente por símbolos representativos de otras culturas como la diferencia de raza, de nivel social, cultural y educativo, conjuntamente con símbolos que “representan un ideal de bienestar” como la imagen personal, un estilo de vida exitoso y la capacidad económica para adquirir bienes de consumo. Los efectos  que ocasiona la pérdida de valores se hace más evidente en los niños y adolescentes, generando un estado de confusión importante, donde “tener”, es un requisito para poder ser aceptado en un cierto grupo social, y que afecta directamente el tema principal del adolescente: la búsqueda de la identidad.
 
Como contraparte, también se observa un incremento de casos de depresión y suicidios en niños y adolescentes con mayores recursos económicos y sin traumas, por ejemplo países desarrollados como Estados Unidos, o los ricos y cultos países escandinavos.
 
En muchos casos se puede comprobar que la depresión en niños y adolescentes está precedida por una carga importante de estrés demasiado importante, duradero y constantemente repetido. Otros impactos estresantes pueden manifestarse como miedos, frustraciones, pérdidas y choques emocionales, ante los que ellos nada pueden hacer; es decir, se imponen a la capacidad de sus recursos emocionales. Se encuentran vulnerables, indefensos, se derrumban emocionalmente y caen en la depresión.
 
Cuando no tenemos confianza, cuando no tenemos esperanza y la fuerza necesaria para remontar la adversidad, entonces viene la depresión, las enfermedades y las ideas de muerte, precisamente porque se abandona la fe, la esperanza y el amor, esas tres fuerzas que los antiguos colocaron en lo más alto de los valores morales, porque deprimirse ¿no es acaso desmoralizarse?
 
La depresión como emoción normal.
 
La depresión es también un estado emocional normal que se caracteriza por sentimientos de malestar transitorio, sensaciones de desagrado ante circunstancias diversas y en ocasiones por la aparición de erupciones en la piel u otros síntomas de tipo somático como dolores de cabeza, tensión muscular, episodios en que aumenta la frecuencia cardiaca y la sudoración. La expresión corporal de estos episodios se percibe además, cuando los niños caminan con la cabeza gacha o mirando al suelo, las piernas dobladas, una conducta de desgano o escaso interés. Este tipo de depresión que se puede considerar normal, constituye una respuesta a momentos específicos de la vida de esta población, como el tiempo de los exámenes, reuniones de carácter social y modificaciones propias del crecimiento entre otras. En estas condiciones la depresión parece tener una función importante que permite reorganizar los pensamientos, las ideas de sí mismo y establecer metas a corto y mediano plazo.
 
De cierta manera parece existir un acuerdo sobre el entendimiento de las formas menos graves de depresión y nos referimos a ellas como “una conducta emocional poco normal” que repetidamente llamamos “mal humor”; sin embargo, no existe duda alguna sobre lo que realmente queremos decir con esta frase, incluso en niños de 3 años de edad. Podemos llamar mal humor a una reacción normal ante una situación desagradable, pero el mal humor de manera constante debe hacernos pensar en una situación que sobrepasa los límites normales. Conviene señalar que no podemos poner en el mismo lugar al mal humor y a la depresión, pero sí podemos mencionar que junto con este tipo de conducta se pueden ver periodos de conducta anormal o conducta sombría, o bien, como una conducta inapropiada y repetitiva.
A una edad mas avanzada, alrededor de los 4 o 5 años de edad, el hecho de que el niño se despierte descontento y de mal humor y que persista durante todo el día, debe hacernos pensar en la presencia de síntomas depresivos leves o secundarios, pero si además le agregamos la presencia de una conducta negativista, - un comportamiento repetido también en el que el niño responde que no a todo lo que se le sugiere e indica – prácticamente podemos hablar de una situación depresiva.
 
Un periodo difícil del que debemos hablar para tratar de esclarecer los episodios depresivos, es el de la preadolescencia. En ella se puede observar una gran cantidad de expresiones emocionales tanto positivas como negativas; es decir, una conducta claramente contradictoria. Por ejemplo, la de un niño que le da flojera levantarse para ir a la escuela durante una semana, o bien que se quede quieto, sin hacer nada durante todo el día. Este mismo tipo de conductas se observan en relación con los alimentos, las actividades recreativas, la forma de vestir y las relaciones sociales, y de pronto, vuelven a forma de comportamiento habitual. Detrás de un estado de oposición siempre se debe buscar una tendencia o el inicio franco de una depresión.
 
Cualquier presión forzada sobre el estado emocional del preadolescente siempre crea una predisposición negativa que agrava los componentes de su etapa de desarrollo, de su estado emocional y refuerza la predisposición para que se presente un estado depresivo.
 
La depresión en niños y adolescentes puede presentarse debido a factores o antecedentes hereditarios, o bien, puede venir del exterior cuando se sienten obligados o “sometidos” para controlar sus emociones. También puede existir otra razón: cuando el niño no tiene la fuerza suficiente para asimilar y orientar lo que tiene que experimentar ante situaciones que no comprende y que están fuera de su control. En estas situaciones, muestran una menor capacidad para pensar, concentrarse o para tomar decisiones, y dan la impresión de no poner atención, distraerse con facilidad o quejarse de falta de memoria.
 
Cuadro clínico por etapas
 
Etapa neonatal (recién nacidos). Para René Spitz  el comportamiento de los bebés de 6 a 18 meses en un medio desfavorable y con separación de la madre, se manifiesta por un periodo de “lloriqueo”, luego se presenta una actitud de retraimiento e indeferencia acompañados de varios síntomas somáticos con alteraciones en el desarrollo coordinado de los movimientos y también con alteraciones relacionadas con el peso y estatura corporal. Spitz denomina a estas perturbaciones depresión anaclítica. A su vez, Bowlby señala que las edades en que los niños son más sensibles a la separación materna van de los 5 meses a los 3 años de edad y se caracterizan por:
 
  1. Una fase de protesta que se acompaña de llanto y agitación al momento de la separación.
 
  1. Una segunda fase en que se presenta un estado de desesperación acompañada de inactividad, disminución importante del apetito y rechazo de las personas que lo cuidan.
  2. La fase de desvinculación. Es decir, que acepta el cuidado que le ofrecen otras personas y rechazo de la madre en los casos en que vuelve a aparecer.
 
Etapa Preescolar. El inicio de la depresión en esta etapa suele ser insidioso. La comunicación corporal (expresión facial, postura corporal) así como el tono de voz, tiempo de enunciación de frases cortas y el nivel de actividad, son de gran valor para evaluar el estado clínico del niño puesto que sus habilidades verbales no están completamente desarrolladas. La evaluación debe dirigirse a descartar otro tipo de trastornos como el maltrato infantil, trastorno de ansiedad de separación y trastorno de ajuste a esta etapa con ánimo deprimido.
 
Etapa escolar. En este periodo se presentan manifestaciones somáticas con poca expresión verbal del estado anímico (dolores de estómago, dolor de cabeza, malestar general, hiperactividad o actividad disminuida, aislamiento, bajo rendimiento escolar, insomnio temprano, pesadillas, llanto, poca tolerancia a la frustración, agresividad y autoagresión y rechazo de las personas que se le acercan. El niño pued ser capaz de comunicar que se siente triste y que quiere morirse.
 
Adolescencia. Generalmente el adolescente no expresa los mismos síntomas de depresión que el adulto; más bien habla de sentirse aburrido, de que experimenta un vacío, se siente incomprendido, solo, abandonado, y rechazado. Muestra también un descuido en su arreglo personal, un tipo de pensamiento lento, irritabilidad, agresividad y escaso interés en relacionarse con compañeros de su misma edad y mayores que él.
 
Las enfermedades médicas crónicas, la hospitalización prolongada, el abuso de sustancias, especialmente el alcohol y la cocaína, pueden ser factores precipitantes en la aparición de una depresión y complicar el tratamiento.
 
Los pensamientos e ideas de suicidio como una situación de emergencia.
 
Es importante destacar que en niños y adolescentes con una depresión de intensidad moderada a grave, presentan pensamientos y referencias a la muerte. Se comentan también ideas suicidas e intentos de suicidio. Desde una perspectiva psicológica, la depresión se encuentra asociada con una baja autoestima, sentimientos de inadecuación, de incapacidad para llevar a cabo las tareas que les son encomendadas y en consecuencia, se sienten inútiles y poco apreciados por su familia. Al mismo tiempo, experimentan una agresividad importante en contra de los demás. Se sienten culpables por experimentar estos sentimientos y dirigen la agresividad en contra de ellos mismos ya que sus padres y sus amigos estarían mejor sin ellos. Cuando este tipo de pensamientos son recurrentes, es decir, más de 2 veces a la semana, representan un episodio depresivo grave que requiere de atención inmediata.
 
 
Las conductas o síntomas de depresión más importantes en la niñez.
 
  1. Cambios frecuentes en el estado de ánimo (pasa de la alegría a la tristeza)
 
  1. Sentimientos de minusvalía (baja autoestima)
 
  1. Agitación o comportamiento agresivo
 
  1. Alteraciones en el sueño
 
  1. Modificaciones en el rendimiento escolar
 
  1. Retraimiento social
 
  1. Modificación de la actitud hacia la escuela
 
  1. Quejas o malestares de tipo somático
 
  1. Pérdida de la energía e intereses habituales
 
  1. Modificación inhabitual del apetito o del peso
 
  1. Ideas y pensamientos de muerte.
 
 
Recomendaciones.
 
El propósito fundamental para escribir sobre depresión en la infancia y adolescencia, consiste en proporcionar a los padres de familia, profesores y educadores, la información sobresaliente que pueda servirles como herramienta práctica para estar en condiciones de identificar las manifestaciones sobresalientes sobre este trastorno; reforzar el conocimiento sobre la asociación del uso de drogas con otras enfermedades y fomentar acciones que permitan realizar una identificar oportunamente las manifestaciones tempranas de depresión y en consecuencia, considerar la pertinencia de solicitar un tratamiento especializado para acortar el curso de la enfermedad y prevenir el uso y dependencia de sustancias asociados a este padecimiento.
 
 
 
 
 
Actualizado: agosto 2011
 
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