ADICCIONES, FARMACODEPENDENCIA Y DROGADICCION
En adicciones todo esfuerzo genera un cambio y cada cambio necesita uno o más participantes.
El Autocastigo: una solución al estancamiento imaginario de la transferencia en [El Caso] Dora.
 
(L’autopunition: une solution à l’impasse imaginaire du transfert chez Dora.)
                     
Mayette Viltard.
 
 
Revue du Littoral, Nº 30, p. 65-80.  Ècole Lacanienne de Psychanalyse. Octobre 1990. Paris.
 
 
Traducción no autorizada: Dr. Lino Díaz-Barriga Salgado                                                                                                                                                                                                                    
 
 
El 14 de octubre de 1900, Freud escribe a Fliess que tiene "un nuevo caso, una jovencita de 18 años"[1] Después de ocho años, Freud recomienda unicamente la asociación libre a sus pacientes, lo que lo sumerge, y sin que lo haya reconocido aún, en la experiencia de la transferencia. Será necesario esperar a 1907 para que Freud nombre claramente la transferencia en la cura, denominando así la manera en la que El hombre de las ratas utiliza - lo que Freud encuentra repugnante, según sus términos - el cuerpo de Freud, la mujer de Freud, la cama de Freud, el nombre de Freud, la hija de Freud, etc.[2]
 
Pero en 1900, Freud no está ahí, es por ello que el caso Dora ofrece tanto interés al destacar los efectos de la transferencia imaginaria en la cura, cuando la resistencia del analista retira del analizante la dimensión simbólica de la transferencia.
 
En efecto, para el psicoanalista no hay manera de [tener] habilidad con el narcisismo en tanto que la distinción de las tres dimensiones, simbólico, real e imaginario no está reconocida en la transferencia. Que Lacan haya denunciado la psicología del ego, que necesariamente haya escrito desde el punto de vista simbólico el matema de la transferencia, que el equívoco significante haya tenido en los medios de comunicación un efecto 'yau de poêle, todo esto seguramente contribuyó al más grande malentendido: creer que el yo es una instancia descuidada en un análisis "lacaniano"[3].
 
Dónde está el yo de la histérica? Es una norma, formula Lacan, plantearse esta pregunta de base en todo caso de histeria[4]
 
El neurótico dirige su pregunta neurótica, su pregunta secreta y amordazada, a su yo[5], ya que el yo es lo que permite poner en juego la posición del neurótico inversa al objeto. Desde 1932 en su tésis, Lacan efectuaba un giro de lectura decisivo sobre Freud, y éste, sobre un punto: "La cuestión plantea saber si todo conocimiento no es de entrada conocimiento de una persona antes de ser conocimiento de un objeto, y si la noción misma de objeto no es en la humanidad una adquisición secundaria."[6] De ahí se iniciaron todas las consecuencias que sabemos, desconocimiento de los objetos del mundo por la percepción y la conciencia. No es el objeto el que está personificado, es la persona quien produce el objeto, el yo  es una construcción imaginaria; el conocimiento del cual es la sede, es paranoico.
 
Qué era para Dora, en su primer compromiso dentro de una historia de amor, [la] primer tentativa de pasar de niña a jovencita[7]. En esta puesta en juego del sujeto en relación con su deseo, podría ser que se enamore del Sr. K. Dora necesariamente puso su estructura en la ocurrencia [de] la histeria para hacer frente al objeto causa de su deseo, objeto contenido en la blancura del hermoso cuerpo de La Sra. K.  Hablar, como lo hace Lacan en el seminario de Las Psicosis, de un minueto de cuatro personajes: Dora, el Sr. K, la Sra. K. y el padre de Dora, no se refiere a la biografía de Dora, sino al caso tal como Freud lo atestigua. Si este ballet fuese biográfico, necesitaría de otros personajes: su tía fallecida, su hermano, su madre, sus primos, el ingeniero, etc. La cuadrilla de la que se trata es una cuadrilla de estructura, hay cuatro lugares, el del yo, el del otro, el del gran Otro, de donde se puede sostener el cuarto; el de la existencia del sujeto, sujeto "jalado de las cuatro esquinas" de este cuadrángulo. Estos tres lugares más-uno, luego serán ocupados en la transferencia, para que lo del sujeto advenga. Todos los otros personajes biográficos deberán ser localizados sin excepción, en el hilo del discurso de Dora, en una u otra de estas cuatro esquinas.
 
Para Dora, el minueto de cuatro personajes la pasará mal, lo sabemos, y ella causará problemas que inquietarán a su padre. Dora estaba loca?. Loca en el sentido en que Lacan hablaba en el seminario sobre el Yo: "eso no le quita nada a ése pobre yo, el hecho de que sea imaginario, yo diría incluso que es lo que tiene de bueno. Si no fuera imaginario, no seríamos hombres... lo que no quiere decir que baste [con] que tengamos este yo imaginario para ser hombres. Podemos ser aún esta cosa intermedia que se llama loco. Un loco es justamente aquél que se adhiere a este imaginario, pura y simplemente".[8]
 
De qué manera, en efecto, Dora se adhiere al yo imaginario, en qué impases del espejo permanece en espera?. Cómo va esto a determinar los puntos de obstáculo en la transferencia imaginaria?.
 
Para comenzar, ¿es posible hablar de impases del [estadio del] espejo?. Continuando con el seminario del Yo, Lacan prosigue: "Cuando el sujeto habla con sus semejantes... tiene que ver con un cierto número de personajes, a', a'', etc. Por ello, el sujeto los pone en relación con su propia imagen; aquéllos a quienes habla son aquéllos con quienes se identifica".[9] Dicho de otra manera, poner en relación a aquél a quien se habla con su propia imagen, no tiene nada de automático, implica que un cierto número de operaciones, no solamente simbólicas, sino también imaginarias, hayan sido exitosas. La noción de forclusión[10] ha llegado a ser una tal cantaleta lacaniana que lleva a creer que solo en lo simbólico es donde no logramos  estar correctamente insertos. Ahora bien, no es muy seguro estar correctamente situados en lo imaginario. El sujeto, por el hecho mismo de estar "jalado por las cuatro esquinas", está en espera de estos cuatro polos: hay simbólico a la mano en la relación narcisista imaginaria del yo y del otro, pero igualmente, sin la puesta en marcha asegurada de esta relación narcisista, la práctica de la alteridad del gran Otro no está establecida. Si en la psicosis esta alteridad no se practica sino por alusión e intuición debido a la forclusión del Nombre del Padre, en las neurosis es por otras razones de estructura que esta alteridad no es de entrada practicable de otra manera mas que por alusión, y por otras razones que en particular atañen a los impases de la identificación narcisista imaginaria.
 
Como lo encontramos en el texto de 1949 del "estadio del espejo", hay un inicio y un fin en el estadio del espejo. Si uno no retiene el hecho de que se trata de una encrucijada estructural por anticipación, se descuida que el momento del espejo se despliega también en algunas operaciones. No es porque haya una "entrada" y una "salida" en el estadio del espejo, que obligatoriamente se salga una vez que ahí se haya entrado. Los niños, llamados retardados, tienen, entre otras molestias, la de estar retenidos en las complicaciones de este camino especular.
 
Para salir de esta adherencia, de esta pegajosidad, es necesario un hermano. Pero no basta con "tener" un hermano, [no basta] estar dentro de una colectividad de niños que se inquietan en torno de sí mismos en el espacio doméstico, hace falta, dice Lacan en los Complejos familiares, "saberse" un hermano.[11] En tanto que la imagen del hermano no desempeña mas que su rol primario, el yo se confunde con esta imagen que lo forma y lo aliena, no está constituído, la captación especular anula al sujeto en el otro y el niño se limita a infligirse el no-ser, el deseo de muerte que está en el núcleo de la imago materna. Solamente hay intrusión primordial de la imagen del otro.
 
Qué será necesario para introducir una discordancia, un tercer objeto en la satisfaccción especular? ... Una mosca que haga bzz,[12] una mancha, un grano de arena, un suspenso, una avispa, que vaya a cristalizar la primera identificación. Entonces solamente la imagen del hermano estará investida por la libido, estará fijada como uno de los polos del masoquismo, lo que va a permitir que el sujeto se enganche en los celos. Gracias al drama de los celos, el yo podrá constituirse, la concurrencia            - rivalidad y contrato - con el otro va a producirse, al mismo tiempo que se sustituirá el objeto materno  (el seno del que goza el pequeño ante la mirada del grande que acaba de ser privado de él) un objeto del conocimiento humano comunicable y socializado.
 
Dora es histérica. No ha tenido éxito en el rizado de los tiempos dialécticos tal como acaban de ser rápidamente evocados; primera identificación con el Urbild inaugurante de entrada en los celos, que abre entonces la posibilidad de producir al mismo tiempo un otro con el cual se está en concurrencia, un yo constituído, vuelto a cerrar, que sostiene la relación narcisista con este otro en el desconocimiento y [con] un objeto socializado, todo ello permitiendo al Edipo estructurar el conjunto.
 
Para Dora entonces, esto será diferente. "La función desempeñada en el esquema del estadio del espejo por la imagen especular donde el sujeto sitúa su sentido para reconocerse, donde por primera vez sitúa su yo, en ése punto externo de identificación imaginaria, ahí coloca Dora al Sr. K.[13] Retenida en las dificultades especulares, permanece en una identificación invertida sin poder acceder a una identificación con su semejante: una mujer. "El yo de Dora, es el Sr. K.  Ella se queja, pero se queja en tanto que identificada al Sr. K.[14] Ella ha protegido el mayor tiempo posible el funcionamiento de ese ballet de cuatro, cerrando los ojos sobre las relaciones de su padre con la Sra. K. porque, gracias a esta configuración donde el Sr. K. era su yo, podía ejercer, no así su padre, lo del Padre en tanto que gran Otro, en tanto que instancia simbólica de donde podía ser sostenida su existencia de sujeto al precio de la realización de su deseo. Así, ¿porqué debía recurrir al Sr. K.?  Hay múltiples formas de abordar la cuestión de la debilidad del padre en la histeria. En sus últimos seminarios Lacan puso el acento no ya sobre la función materna debilitada para que haga mella sobre el niño la metáfora paterna, sino sobre la necesidad de que un hombre, para ser padre, esté orientado en su deseo hacia la mujer de la cual quiere hijos. Dora, ciertamente tenía más que ver con un hombre amante de la Sra. K. que con un padre orientado hacia la madre, pero, ¿no todo el interés  de la histeria reside en denunciar, por estructura, al hombre en su debilidad, incluso al sostener sin cojera su perversión?.
 
Pero para continuar abordando el caso de Dora solamente en sus relaciones con lo especular, es posible adelantar que, si ella hubiese sido un joven, habría encontrado en la imagen un símbolo de sexuación. Ella es una joven, al interior de ese símbolo prevalente, lo imaginario le ha mostrado una ausencia. Es remitida a una disimetría en el significante. Y sobre este punto
lo simbólico carece de material.[15] ¿Qué es una mujer? Esta será la pregunta de la histeria. La histérica estará expuesta a su insuficiencia de lo simbólico, ella sabe que el padre está cojo. Así atraerá ella particularmente al analista sobre el terreno de lo imaginario y estará ordenado sin cesar, a mantener contra viento y marea toda la dimensión de la escena simbólica.
 
De otra manera, ¿qué sucede?. Sucede lo que le sucede a Dora, una primera vez fuera de la transferencia, una segunda vez, en la transferencia. Cuando el Sr. K. le declara "mi mujer no es nada para mí", el yo de Dora, el Sr. K, no sostiene más su relación de amor inversa a la de la Sra. K.  Ella lo abofetea, la célebre bofetada. Se va, se descompensa, es decir, que recurre a otra manera [distinta] a la de la identificación imaginaria invertida con el Sr. K, para mantener una relación con el otro, más allá de la cual el gran Otro es colocado y de donde ella puede asegurar su existencia de sujeto.
 
La primera solución es inmediata, Dora es presa de violentos celos en relación con la Sra. K. y Freud habla incluso del odio que ella experimenta en lo que atañe a los dos K.[16]  Mientras estaba identificada con el Sr. K. ejercía los celos por intermedio del Sr. K; Dora se quejaba, pero se quejaba puesto que el Sr. K. era el encargado de estar celoso de la Sra. K. Ahora ella experimenta esos celos y son el motor que la empuja a producir una solución.
 
Cuando Dora "pierde", en la persona del Sr. K. un yo capaz de sostener una relación de enamorodiación[17] con el pequeño otro, su yo es brutalmente conducido a una pegajosidad en la imagen del otro, a la captación especular, a la alienación. Expulsada de su identificación imaginaria con el Sr. K. era posible una práctica "del hermano en sentido neutro",[18] (es decir, de la Sra. K.). Dora es conducida [entonces] a su fracaso permanente de  "saberse un hermano", no llega a identificarse con la Sra. K. y tampoco con su madre, sus primos, sus amigos, etc.
 
Qué puede esperar de los celos que la embargan ahora?. Los celos son precisamente lo que va a extraer el yo del conocimiento paranoico en el cual se despliegan, ligados como están en la imagen del otro. Los celos, por su drama van, recordémoslo, a constituir el yo instalando el desconocimiento, van a constituir al otro [autrui] como primera forma de reflejo del ideal del yo y a constituir al objeto como objeto del deseo del Otro, van a constituir al conjunto, permitiendo recibir del Otro el mensaje invertido.
 
Más aún, los celos van a permitir sostener en lo imaginario la cuestión del ser del sujeto. En efecto, el hermano no es solamente el primer objeto de identificación[19]; a partir de esta identificación, la imagen del hermano está investida libidinalmente, y el hermano es así objeto de amor. "En la figura del hermano hay confusión de dos relaciones, identificación y amor". Si este amor es homo-sexual, es porque está ligado a la investidura de la imagen del semejante, el sexo no interviene ahí más que como rasgo de la persona. Pero ese hermano al que se ama, es igualmente el reverso de quien uno muestra [cierta] animosidad de odio celoso, puesto que goza del objeto del cual uno acaba de ser privado. "Los celos normales son un duelo"[20]. Así, este hermano que goza de la mama, viene a colocarme en una relación con el objeto de mi deseo, como necesariamente gozado por el otro, primera experiencia de la disparidad subjetiva, objeto del cual solo el fantasma normará el acceso.
 
Amor y odio, los celos no se limitan solamente a producir estas dos pasiones. En efecto, a ese querido hermanito, porque soy yo, odiado porque está seguro, voy de ahí en adelante, a considerarlo como semejante a mí; a esta imagen viviente de mi castración voy a desconocerla, lo veré en lo sucesivo parecida, por completo parecida a mí mismo - el hombre se cree simétrico - "un poco como una libélula" nos dice Lacan. Y esta ignorancia, este no saber, va a reafirmarse en el Otro; en fin, yo [je] no seré más él, seré yo, él no me adivinará más, no seré ya un ser completamente adivinado, y al mismo tiempo no conoceré lo que el Otro quiere de mi. Entonces, y solamente entonces, podré comenzar a situarme en el mundo demandándome: ¿Qué quiere de mí?.
 
Los celos son el motor que produce las pasiones en la dimensión de lo imaginario, amor, odio e ignorancia, tres pasiones del ser, tres medios imaginarios de sostener patéticamente la existencia del sujeto, sujeto que no sostiene su existencia más que de lo simbólico.
 
Pero Dora no solamente es presa de los celos, deviene loca. Lo que Freud nos dice: "la idea que se le imponía a ella es que había sido entregada (por su padre) al Sr. K. en razón de la complacencia que éste manifestaba frente a su propia mujer y al padre de Dora[21]", Lacan lo retoma en estos términos: "Un pequeño síndrome de persecución muy simplemente, aparece en Dora en relación con su padre. Dora experimenta en relación con su padre un fenómeno significativo, interpretativo, incluso alucinatorio... Esto puede ser una reivindicación injustificada, participando en un delirio de presunción, que por lo tanto no es más que una psicosis. Es sin embargo un fenómeno que está sobre la vía inefable, intuitiva: imputar a otro hostilidad e intención malvada y ello a propósito de una situación en la cual el sujeto  verdaderamente ha participado de manera electiva y muy profunda[22]".
 
Para explicar este fenómeno particular, Freud recurre a lo que ha destacado en los niños y en los paranoicos. Es un fenómeno que denota una cierta manera de tratar la inversión simbólica del mensaje, inversión que es lo pendiente en lo simbólico, de la constitución imaginaria del yo en el otro. Dora no es ni un niño ni una paranoica y por lo tanto, presenta al igual que ellos una misma forma de practicar el mensaje. Freud nota que ella proyecta un autoreproche sobre otro [autrui], pero justamente sin invertirlo. Así, cuando a los niños se les acusa de mentir "a su manera responden sin dudar: "Mentiroso! [Eso] eres tú mismo". El adulto, eforzándose por regresar la injuria, buscará algún punto real débil en su adversario y no intentará refutar continuamente el mismo reproche. Esta proyección del reproche sobre otro [autrui], sin cambio del contenido, y en consecuencia sin adaptación a la realidad, se manifiesta en la paranoia como proceso de formación del delirio[23]". He ahí lo que Freud destaca a propósito de los autoreproches; así, "los reproches de Dora a su padre, estaban nutridos, "doblados" de autoreproches sin excepción y de la misma naturaleza. Su padre no quería darse cuenta del comportamiento del Sr. K, al contrario de su hija, a fin de no enojarse en [lo tocante] a sus relaciones con la Sra. K. Pero ella había hecho exactamente lo mismo. Se había hecho cómplice de sus relaciones y había aislado cualquier indicio que manifestara su verdadera naturaleza[24]".
 
Cuál es la función para Dora de ése fenómeno persecutorio?.

El mensaje no formulado, inconciente, que se dirige al hermano, al semejante del mismo sexo, no es "yo te amo", sino "yo lo amo[25]", puesto que saberse un hermano necesita la introducción de una discordancia entre "yo lo amo, tu me amas", discordancia marcada por este tercer personaje de "yo lo amo a él". Si la escena simbólica está instaurada, si el yo y el otro están constituídos en lo imaginario, entonces la existencia del sujeto está asegurada. La práctica de la alteridad radical del Otro es [entonces] posible y el mensaje vuelve en forma invertida, "él me ama", en él me veo amable. Si por una razón u otra, uno de los lugares decae, el del gran Otro como en las psicosis, el del yo como en este tiempo para Dora, el resultado es el mismo, la práctica del mensaje invertido que asegura la existencia del sujeto no puede ya ser efectuada. Se trata entonces, e inmediatamente, no solamente de sostener patéticamente al sujeto, sino del mismo modo asegurarle su asiento simbólico. A esta función responde el tratamiento paranoico de la fórmula "yo lo amo", restaurar una nueva alteridad del gran Otro, cuyo lugar está entonces diseñado por alusión, por intuición, etc. Por el tratamiento paranoico de la fórmula "yo lo amo", la inversión simbólica, que no puede ya producirse globalmente sobre la inversión del mensaje, va a producirse sobre los trozos gramaticales de la fórmula como si no hubiesen estado ligados entre ellos por el sentido. En consecuencia, la inversión va a producirse ya sea en el sujeto, en el objeto o en el verbo.
 
Como los niños y los paranoicos, Dora se desplaza, como lo hace notar Freud, en un universo donde la inversión global del mensaje no se produce más. Pero de hecho, lo que se produce es una inversión del sujeto. Por intermediación del otro envía su propio reproche, ahí está la inversión, pero sin invertir el contenido, es decir, sin invertir el resto del mensaje, el verbo y su complemento. Esto es lo que Freud reconoce en Schreber, como mecanismo delirante de los celos. Es el universo del conocimiento paranoico donde el sujeto está en el otro.
 
Este mecanismo de inversión simbólica llevado sobre el sujeto no es el único modo de inversión simbólica que tiene lugar, Dora llega incluso a pensar que su padre la quiere prostituir. Si seguimos [al pie de] la letra el razonamiento de Freud en Schreber y su rigurosa lógica del tratamiento paranoico de la fórmula "yo lo amo" dirigida al semejante, es forzoso constatar que la pareja padre-Sra. K. ha pasado a la persecución y que encontramos ahí la doble función de este hombre que es el padre de Dora: el padre en tanto que amante de la Sra. K. y no como padre, tuvo para Dora una función erotomaniaca. La inversión erotomaniaca yace sobre el objeto, Dora ama a la Sra. K. lo que se invierte en Dora lo ama, a este hombre (su padre), lo que llega a ser por proyección, porque él me ama, a mí, Dora. Así, en tanto que fuera amante de la Sra. K. ella se creía amada por este hombre, que era también su padre.
 
En la persecución, la inversión se produce sobre el verbo, odiar reemplaza a amar. "Yo amo a la Sra. K. yo la odio". La pareja amor odio que estaba contenida en la relación narcisista entre el Sr. K. yo de Dora, y la Sra. K. semejante del yo de Dora, se disocia y esta disociación de la enamorodiación es justamente lo que permite la solución simbólica de inversión parcial del mensaje. Sola emerge la fórmula "ellos me odian", y ella [Dora] se pone a pensar que su padre busca prostituirla, librarla del Sr. K. para continuar sus amoríos con la Sra. K.
 
Celos y persecución (incluso erotomanía enmascarada por el hecho de que se trata de su padre), pueden ser consideradas como la solución temporalmente delirante adoptada por Dora para sostener contra viento y marea todo lo simbólico del padre en su cuadrilla.
 
Qué sucede entonces desde el punto de vista de la transferencia?. Cuando Freud es informado (por Dora) sobre la escandalosa situación en que la mala conducta de su padre la prostituye, él la remite a esta situación para obtener de ella la declaración de su participación en esta cuadrilla[26]". Debido a que Freud ha reconocido y rectificado ahí el mecanismo del yo paranoico y el tipo de inversión simbólica que lo acompaña, ha vuelto a abrir para Dora, la posibilidad de formar una nueva cuadrilla, esta vez con Freud como compañero. No le ha retirado la forma paranoica con la que exitósamente hacía funcionar una relación con el gran Otro, al contrario, la ha confirmado. Pero por su intervención y sin saberlo, acaba de ofrecerle a Dora la escena simbólica de la transferencia. En lo sucesivo con el significante de la transferencia deberá aceptar dejarse reducir, él y su nombre, a un significante cualquiera[27]. Sobre la escena simbólica de la transferencia, la solución fantasmática, tan largamente estancada en Dora, va a poder desplegarse sin ser rebatida sobre la realidad.
 
Dora, inmediatamente percibe un olor de humo, el del Sr. K, que es el mismo de Freud. Freud es asi informado, Dora le ofrece el lugar capital del Sr. K. [colocado] ahí en lugar del yo de Dora, dispuesta a actuar en este nuevo giro de cuadrilla. Ahí exactamente se desarticula la resistencia de Freud. "Ser" el yo de alguien, hay algo que ver al resistir a su propio yo que no tiene razón alguna de borrarse. Freud deviene sordo a todas las objeciones de Dora, se toma por un Sr. K. amoroso de Dora y no de su mujer, en tanto que la funciòn transfrerida por Dora al Sr. K. era precisamente, lo hemos visto, estar celoso amoroso de la Sra. K. he ahí a Freud esforzado encarnizadamente en convencer a Dora de que ella ama al Sr. K. Y el día en que piensa haberla reducido al silencio, ella se muestra contrariada al tener que recurrir por segunda ocasión a la solución del pasaje al acto, lo abandona a la hora en punto como ha abandonado al Sr. K. por la misma razón.
 
Por ello, [Dora] regresa un año y medio después. Es inaudito que en este punto Freud haya redactado sus casos que uno encuentra una y otra vez en nuevas lecturas. Ella vuelve, podría decirse, porque la solución que Freud no ha encontrado, ella acaba de verla, en la calle. Ha vuelto a encontrar por casualidad al Sr. K. en la calle. Sorprendido al verla, quedo inmóvil y se hizo atropellar por un automóvil[28].Y si esta escena obliga a Dora a volver con Freud, no es para solicitarle que desaparezca, sino más bien de que se borre en tanto que yo-formador de analistas, esto consiste en formar analistas que no tienen yo.
 
Freud en 1923 conocía el quid de su yerro[29]: "Omito adivinar a tiempo y comunicar a la enferma que su amor homosexual (ginecófilo) era su tendencia psíquica inconciente más fuerte. Antes de que hubiese reconocido la importancia de las tendencias homosexuales en los neuróticos, frecuentemente fracasaba en los tratamientos, o bien, llegaba a realizar un desarrollo completo". Pero si él [Freud] había ocupado este lugar de yo ofrecido por Dora en su alucinación de olor de humo, le habría permitido analizar no solamente una homosexualidad cualquiera, sino poner en juego durante la cura, el objeto causa del deseo; en esta reciprocidad, habría podido habitar y deshabitar esta posición de hermanito, temporalmente sostenida por la Sra. K. y progresivamente instalar en la cura una última cuadrilla...
 
Cuáles van a ser las consecuencias para Dora y para Freud de ese abatimiento de la realidad en que Freud la quiere a toda costa amorosa del Sr. K. y todavía en 1905, [desear] soñarla feliz y    casada con el joven ingeniero del que ella ha hablado...
 
En 1901, Dora tiene una neuralgia facial derecha que la atormenta día y noche. A menos que se piense que es zurda, o que ha propinado una bofetada con el reverso de la mano, ella se ha golpeado a sí misma al golpear al Sr. K. y la mejilla derecha la quema al interior en que la imagen ha sido golpeada, porque podemos pensar con certeza que el Sr. K. golpeado por la mano derecha de Dora, ha recibido el golpe sobre la mejilla izquierda.  De qué sufre Dora en 1922, cuando su desesperado médico la envía a consultar a un psicoanalista, Félix Deutsch? De zumbidos en el oído derecho, de accesos de migraña [en el hemisferio cerebral] derecho, de insomnio a causa de zumbidos en este oído derecho, de vértigos cuando mueve la cabeza[30].
 
Dora no se desposó con el ingeniero tal como lo soñaba Freud, desposó a un músico, y a su padre para que un día llegue a rentar una orquesta para que por una vez en su vida, una de las composiciones de su yerno sea tocada. Ella se queja de su marido, de su padre, de sus hijos, denuncia a todos los hombres, exceptuando a su hermano que ha permanecido muy próximo a ella. Aunque ha llegado a ser un líder importante del Partido Socialista austriaco, [aunque] esté muy ocupado, que publique libros y realice numerosos discursos, siempre está allí cuando ella lo necesita... Efectivamente, él telefonea inmediatamente a Félix Deutsch para saber que sucedió en la entrevista y quiere acudir el mismo, a lo que Deutsch se rehusa. Dora permanece presa del mismo tormento: "se acordaba muy bien de haber sido  en su infancia una "chupa-dedo". El padre también recordaba haberla librado de esta costumbre que se había perpetuado en ella hasta la edad de cuatro o cinco años. La misma Dora, había guardado en su memoria una imagen clara de su primera infancia: se veía sentada en el suelo en una esquina, chupando[se] el pulgar izquierdo mientras al mismo tiempo, con la mano derecha tiraba de la oreja de su hermano, tranquilamente sentado a un lado de ella[31]". Esto proporciona un resumen del lugar de niño segundo que Dora ocupaba para su hermano, e invierte la idea frecuentemente desarrollada en los estudios de su caso, de que ella [era] la que no lo soltaba. Unida a el por la oreja, ¿quién de los dos no abandonaba al otro?. En su recuerdo, su hermano no está frente a ella, sino a un lado. Por su parte, para el hermano no es sino que una operación imaginaria frente a su hermana no había concluído?. Para el hermano, ¿no era Dora ese objeto de celos que le permitiera separarse de ella?. ¿No era Dora considerada para su hermano y por su hermano ser aquéllo de lo cual definitivamente estaba asegurada la boca?.
 
Dora ha llegado a ser una "fumadora empedernida", así explica
ella sus accesos cotidianos de tos, y su hermano también es un fumador empedernido. Ella tiene crisis frecuentes de disnea, continúa quejándose de hemorragias vaginales y ha tenido, dice Deutsch, numerosas intervenciones ginecológicas menores para intentar remediarlas. Tiene accesos de claudicación de la pierna derecha, es insoportable para quienes la rodean y, agrega Deutsch, que su marido está torturado completamente por su comportamiento paranoide, pero que según lo que reporta alguien que lo conocía, prefirió ¡"morir de un infarto antes que divorciarse"!.
 
En suma, y siempre según el testimonio de alguien, que Masson dijo fué Freud[32], lo que los datos informan, puesto que se trataría de un "informador" que precisamente informó a Jones de la muerte de Ida en 1945, [Dora] era "the most repulsive hysteric" ["la histérica más repulsiva"] que jamás haya conocido.
 
Así, ella tuvo recurso toda su vida a la lista completa de síntomas de la época, a los cuales agregó dos, debido a la cura: la neuralgia facial derecha que le arde y que cruje en su oído, instante en que su yo la abandona, y la producción de humo continuo, instante en que Freud la abandona, momentos sin cesar renovados en su suspenso, en la tentativa de encontrar ahí una solución distinta al síntoma, realizándo "salvajemente" la posibilidad para Dora de mantener unido aquéllo que amenaza dispersarse.
 
Y para Freud? Para plantear desde el punto de vista de Freud qué efecto tuvo para el mismo ese abatimiento de la escena de la transferencia sobre lo imaginario, es necesario volver a la cuestión del objeto en la transferencia, puesto que lo que ha suscitado el objeto del deseo de Dora en Freud, es una resistencia de su yo. Nos hace falta pues, retornar a este olor a humo.
 
Desde el momento en que Freud dice no a tomar el lugar, indicado por el rasgo que tiene en común con el Sr. K, el olor de humo, también el, Freud, es abatido en lo imaginario y resiste. Qué hace?. Hace un acting out, un acting que dura lo que de ahí en adelante va a durar la cura. No puede efectuar la lectura simbólica de este olor a humo. En lugar de este defecto de lectura, el va a actuar. Va a taparle la boca a Dora, a clavarle el pico, va a realizar en la transferencia la respiración, que desde hace mucho tiempo obstruye la boca de Dora, impidiéndole emitir su mensaje de deseo.
 
Cómo se produce eso?. Dora ha planteado la decoración. Está tendida a lo largo, adormecida. Se despierta. El Sr. K. está cerca de su cama. Y freud interpreta este primer sueño: "Usted no está tranquila, es necesario que se vaya rápidamente[33]".
 
Ahí está el inicio del cambio. Verdaderamente Freud no ha captado que si el Sr. K. está tendido cerca de Dora, el también, Freud, está tendido muy cerca de Dora. Quiere hacerla hablar, "hacerla proferir lo que la atraganta", [Freud] piensa que ella no le ha dicho todo. Intenta una pequeña experiencia "que funcione esta vez como de ordinario. Por casualidad estaba sobre la mesa una gran caja de cerillos. Solicité a Dora observar si podía ver un objeto sobre la mesa que no estuviera ahí como de costumbre...no vió nada...entonces le planteé si sabía porque se le prohibía a los niños jugar con cerillos...sí, a causa del peligro de incendio..No, responde Freud, se les advierte no jugar con fuego[34]". Es entonces cuando Dora, a la mañana siguiente, aporta lo que Freud llama suplemento del sueño, pero que más bien valdría llamarlo efecto real de la interpretación hecha por Freud. Ella, [Dora] había olvidado relatar que todos los días al despertar, percibía un olor de humo.
 
Así, a la orilla de la experiencia de la transferencia, Freud, intuitivamente, no deliberadamente aunque no es frecuente así, Freud "No está en persona. Puso en juego su fuego, y le ha prohibido jugar con el. Y Dora responde con una posibilidad de giro esencial en la transferencia. Ella le propone el lugar decisivo del Sr. K. 
 
Pero en este punto Freud resiste. No toma en cuenta que ella le dijo un olor de humo, no un sabor de humo. "Esta sensación no podía entonces apenas significar otra cosa que el deseo de un beso y que en un fumador se percibe necesariamente el humo... Las ideas de tentación parecen haber recurrido a la escena precedente y despertar el recuerdo de besar, contra la seducción, de la cual la chupa-dedo se había defendido antaño por el disgusto [que le provocaba]. Si en suma reúno todos los signos que hacen probable una transferencia sobre mi, considerando que también soy fumador, llego a pensar que un día, durante la sesión, ella tuvo sin duda la oportunidad de desear un beso mío. Esta fué para ella la ocasión de repetir ese sueño de advertencia y de tomar la resolución de terminar la cura[35]".
 
Ahora bien, sabemos que Dora tiene crisis de afonía cuando está a solas con el Sr. K. El olor de humo es una alucinación que atestigua, en tanto que alucinación, que el objeto está en juego en el fantasma y que los límites de este están descomponiéndose/recomponiéndose. El objeto está temporalmente fuera de la imagen que habitualmente lo contiene, propiamente hablando es lo que Lacan llama una falofonía, una "alucinación del falo", [donde] los objetos de la pulsión están movilizados. De la boca a la voz, se ofrece una posibilidad de que los objetos de la pulsión comiencen a tomar cuerpo con Freud en la transferencia. Freud detentando de ahí en adelante, una posibilidad para Dora de ir hasta el final de lo que Lacan llama la astucia del sujeto y de "rendirse a la evidencia: a saber, que en un análisis final, el sujeto, en su relación con el objeto del deseo, es pregenital, es decir, interesado[36]". Qué dice la Cosa? La cosa freudiana, en última instancia, en todo este [carácter] patético y todas estas pasiones del ser, la cosa dice tengo hambre, busquemos qué comer[37]. Pero esto no puede producirse solo que el analista haga reinar el objeto (a) en el lugar del semejante.
 
En el lugar de esta articulación de lo simbólico y lo real por el fantasma, todo deviene imaginario, y lo que Freud redactará del caso Dora en la psicopatología de la vida cotidiana, permite leer cuál es su punto de rechazo, de él, de Freud, que empuja a Dora al pasaje al acto salvador, romper la relación que tenía con él. Freud rechaza dejarse reducir, él y su nombre, a una boca, el Mundo de Sigmundo rechaza dejarse destacar. Así deviene él como aquél que va a cerrar la boca por su boca, él la reduce al silencio. Ahí está el acting en la cura. El Sig de Sigmundo colocaría a Freud frente a algo que precisamente no sostiene, es en este punto que su deseo no es advertido.
 
En efecto, qué reporta Freud en psicopatología de la vida cotidiana? Hemos visto que en 1923, Freud indica que esta especie de fracaso en la cura lo dejaba en un desarrollo completo. Ahora bien, por la correspondencia completa de Freud a Fliess, podemos leer ahora que Freud escribió inmediatamente el caso Dora. Ella partió el 30 o 31 de diciembre de 1900 y el 10 de enero de 1901, no solamente está escribiendo lo que de entrada él llama Sueño e Histeria. Fragmento de analisis diciendo: "Todavía no he decidido donde lo voy a publicar[38]", pero el 24 de enero de 1901 terminó y es aceptada por el editor Ziehen de Utrecht[39]." Hay entonces para Freud, una necesidad inmediata de dar parte de este caso a un público. Muchos años antes que el caso fuera publicado, nos dice él, antes de 1905, dá una conferencia sobre el caso Dora[40]. Dos mujeres se encuentran delante de él, en el público y una de las dos llamándose Dora, [por lo que] Freud estima que sería impropio hablar de Dora frente a otra Dora. Cambia pues el nombre de Dora y la llama Erna. Pero après coup, se percata que no queriendo herir a la primera mujer con todo aquello con lo que el nombre de Dora estaba cargado, de hecho ha utilizado el nombre de la segunda mujer presente en el público esa tarde. La segunda mujer se llama Lucerna y ha fraccionado el nombre propio de ésta; de Lucerna, ha tomado un fragmento: Erna, así ante el público, ante el Otro, él efectúa por un acto fallido muy exitoso, la operación a la que se ha resistido, fracturar su nombre propio y dejarlo reducido a un fragmento de la lengua común. Y publica la operación. Tolerando en 1907 la operación que hará el Hombre de las ratas sobre su apellido Freud, la hija de Freud-hija de la alegría, Freud producirá el famoso Kurübertragung, primer nombre "oficial" de la transferencia. Porqué toleró Freud esta operación sobre su apellido y no sobre su nombre, operación que [tanto] necesitaba Dora?. Habría allí algún índice de que el nombre propio de Freud era su apellido y no su nombre de pila el cual tenía la posibilidad de poder caer en la lengua común sin que por ello debiera estar fragmentado?.
 
Escribiendo y buscando publicar inmediatamente el caso Dora, Freud recurre al público para que lo sostenga, a él, Freud, en su nombre de autor. Efectivamente, es muy bien lo que dice como palabra final a Dora, cuando ella vuelve a decirle que el Sr. K. se hizo atropellar ante su mirada. Freud le cierra el pico definitivamente diciendole: "pude demostrarle que ella había leído, hacia exactamente quince días, una noticia concerniente a mí[41]. No era para nada lo que decía Dora, Freud piensa que ella acepta esta interpretación, pero no la volverá a ver jamás.
 
Por lo tanto, es necesario tomar en consideración el genio de Freud por [haber dicho] de alguna manera la última palabra e inventar, como puntilla para este caso, un concepto que desencadenará las pasiones de los analistas veinticinco años más tarde. Freud termina el caso Dora con esto "esta pseudo-neuralgia equivalía pues a un autocastigo, a un remordimiento en el sujeto de la bofetada que antaña le dió al Sr. K. y que estaba en relación con la transferencia sobre el yo de su venganza[42].
 
Autocastigo, hé ahí el nombre del impase definitivamente repetido por Dora. Dora es retenida en ese momento decisivo donde una discordia es introducida entre el yo y el objeto. El niño deja de estar totalmente captado imaginariamente por el otro cuando una mancha sobre la mesa viene a problematizar la satisfacción espectacular, cuando una mosca que hace bzz la trastorna. Cuál es el nombre, en el psicoanálisis de esta primera mediación, de esta "mosca social" que introduce la discordia y que permite sustraerse de la captación imaginaria?. El punto último de esta manifestación del mundo exterior que resume toda la violencia que la sociedad ejerce sobre el sujeto, es la voz del padre. Que el yo, para desarrollarse deba incorporar bajo esta forma una parte del mundo exterior constriñiendo[se], es la génesis del superyo, del cual la expresión clínica es el autocastigo.
 
Así, el ejercicio del autocastigo como ejercicio del odio de sí mismo, alude al pasaje de la inversión simbólica donde, en el tiempo en que es pura alienación en el otro, el ser del sujeto desaparece. El ejercicio del autocastigo es el ejercicio repetido de ese masoquismo primordial, que introduce gracias a la angustia, la posibilidad de rechazo, de destete, rechazo de este desgarramiento primordial para con la imago materna. Este rechazo es fundamental. Desde 1938 en Los Complejos Familiares, Lacan notaba el rechazo del destete como "fundando lo positivo del complejo"[43]. Este rechazo fundamental, Versagung original, es el tiempo de constitución del sujeto en la represión originaria en su enraizamiento mismo en lo real. Sin este rechazo, [es] imposible ser introducido al drama de los celos, abandonar la ligadura imaginaria en la imagen del hermano y poder "saberse" un hermano.
 
Tanto en Freud como en Lacan, esta "reincorporación" al yo de una parte del mundo exterior, o "identificación secundaria" del yo, es esencialmente diferente de la identificación primaria del Edipo. Identificar al padre como rival no será posible hasta que el "hermano" haya realizado su obra, en un proceso narcisista que Freud califica como "biológico"-el proceso edípico calificado por Freud como "histórico"[44].
 
Por el estudio del caso Aimeé, Lacan va a dar todo su peso al autocastigo como síntoma particular, permitiendo la instauración o reinstauración de una escena simbólica en vías de perderse, permitiendo también poner diques a la invasión de lo imaginario. Por ello va a darse cuenta de la transformación producida por Freud en el Problema económico del masoquismo. Ahora bien, en ese texto, Freud declara que el término "sentimiento de culpabilidad" es incorrecto y decide reemplazarlo por el de "necesidad de castigo[45]", y deja de hablar indeferentemente del ideal del yo o del superyo. En este texto que trata del masoquismo y del autocastigo, Freud no emplea más que un solo término: superyo. En su tesis, Lacan hará del sentimiento de culpabilidad la expresión imaginaria del autocastigo: "El sentimiento de culpabilidad representa la actitud subjetiva del autocastigo[46]". Será necesario esperar a 1953 para que Lacan haga del superyo una pura instancia simbólica, enunciado discordante[47] de una ley excluída del deseo, imperativo puro. Cuando este imperativo del significante no está articulado al deseo por la función del padre, por ese momento de giro del primer rechazo, el superyó es derribado sobre lo imaginario, sobre las figuras traumáticas de la infancia[48], figura de ese hermano intrusivo, al reverso del cual la ausencia de celos no permite hacer de él un rival. No utilizando el espejo del plano del estadio del espejo, mas que para la identificación primordial con el Urbild , y utilizando enseguida el doble sistema plano y esférico del esquema óptico, Lacan pone en juego esta función significante del superyo.
 
"Podemos suponer entonces que la inclinación del plano del espejo está comandada por la voz del otro. Esto no existe a nivel del estadio del espejo, pero a su vez está realizada por nuestra relación con el otro [autrui] en su conjunto: la relación simbólica. Pueden captar entonces que la relación de lo imaginario depende...de la liga simbólica entre los seres humanos, es decir, que socialmente, nos definimos por la intermediación de la ley[49]". Solo por estar abatido sobre lo imaginario el superyo cobra una figura, "obscena y feroz", una obscenidad que lo bueno se encarga de contener, una frerocidad que la rivalidad fraterna se encarga también de contener en el ejercicio de la enamorodiación.
 
En esta bofetada dada a su imagen, golpe que suena en sus oídos y que quema su mejilla derecha, en ese instante definitivamente repetido y cada vez renovado por el olor de humo, Dora se dedica al ejercicio del autocastigo. El autocastigo la retiene al borde de la caída en lo imaginario, le otorga acceso a los celos y a su cortejo de manifestaciones paranoicas, lo que la hace insoportable para los otros, pero que le permite existir como sujeto.                                                                                                                                                                                                                                                                     
 
 

[1] J.M. Masson. The complete letters of Sigmund Freud to Wilhelm Fliess. The Belknap Press of Harvard, University Press. Cambridge Massachussets, and London, England. 1985.
 
[2] M. Viltard, " Lire autrement que quiconque " [Leer de otra manera que cualquiera], en Littoral nº 5, Érès, Toulouse, 1982, p.95.
[3] Lacan, por el contrario, a todo lo largo de su enseñanza insistió sobre la importancia del narcisismo que el considera, siempre, como el escollo del psicoanálisis. Citemos por ejemplo, lo que decía el 9 y 10 de marzo de 1960 en una lección pública realizada en la facultad universitaria de San Luis en Bruselas:    "Esta fuerza...que Freud ha designado bajo el nombre de narcisismo..., conlleva una dialéctica secreta donde los psicoanalistas están mal parados. Para poder concebirla introduje en la teoría la distinción propiamente metódica del simbólico, del imaginario y del real."
 
[4] J. Lacan, " Actes du Congrés de Rome ", Discurso hablado del 26 de septiembre de 1953. Inédito.
[5] J. Lacan, Las psicosis, sesión del 21 de marzo de 1956, pág. 249. Ed. Paidós, Bs. As. 1984.
[6] J. Lacan, De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Ed. Siglo XXI. 1985.
[7] Un cierto número de trabajos han aparecido concernientes a la vacilación misma de Freud, que llamaba a Dora tanto niña, como jovencita. Remitirse a Steven Marcus, " Freud y Dora ", en In Dora's case. Virago Press, Londres 1985, p. 76-78;. Maria Ramas,
" Freud's Dora, Dora's Hysteria ", Ibid, p. 161;. Hyman Muslim and Merton Gill, " Transference in Dora's Case ", Journal of the American Psychoanalytic Association, 26 (1978), p. 324.
[8] J. Lacan, el Yo en la Teoría de Freud y en la Técnica del psicoanálisis. Sesión del 25 de mayo de 1955. Ed. Paidós. pág. 365. Ed. Paidós. Bs. As. 1984.
[9] Ibid. pág. 366.
[10] Forclusión. Vocablo utilizado por Lacan para designar el mecanismo constituyente de las psicosis. Se caracteriza por la exclusión del Nombre-del-Padre en la batería significante del sujeto. N. del T.
[11] J. Lacan. Les Complexes familiaux. Navarin, Paris. 1984, pág. 36.
[12] J. Lacan, " Le transfert dans sa disparité subjetive, sa prétendue situation, ses excursions techniques ", sesión del 21 de junio de 1961. [Seminario] Inédito.
[13] J. Lacan, las Psicosis. op. cit. pág. 249-250.
[14] Ibid. pág. 250.
[15] J. Lacan. Ibid. Pág. 254-255. Dentro del desconocimiento de esta disimetría se hunden los estudios feministas, y particularmente aquéllos que conciernen a Dora, de Jane Gallop y de Jacqueline Rose en In Dora's case, editadas en la acertadamente denominada Virago Press.
[16] S. Freud.Fragmento de análisis de un caso de histeria.
O.C. Amorrortu Eds. Vol.7, pág. 7-107. Bs. As. 1976.
[17] Enamorodiación. Neologismo creado por Lacan en 1973 durante su seminario Encore (Seminario Aún, Ed. Paidós. Bs. As.)  Al interior del término yace la noción ambivalente amor-odio en tanto son sentimientos opuestos, referidos a un mismo objeto.
Hainamoration, es el término en lengua francesa y Enamorodiación aquél que se ha adoptado para su pasaje al castellano. Conserva no solo el juego fonético original, sino que conlleva también la referencia subyacente de que "el sujeto cree amar-todo en la ignorancia de que odia y cree odiar-todo, mientras siempre ama. NT.
[18] J. Lacan. Les Complexes familiaux. Op. cit. pág. 38.
[19] Ibid. pág. 39.
[20] S. Freud. Sobre algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la homosexualidad. O.C. Amorrortu Eds. Vol. 18, pág. 223. Bs. As. 1976.
[21] S. Freud. Fragmento de análisis de un caso de histeria. Op. cit. 
[22] J. Lacan. las Psicosis. Op. cit. Pág. 133-134.
 
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